Nunca he sido fan de escribir en blogs, y de hecho las pocas veces que lo he intentado, después de unas 10 entradas lo dejo y jamás vuelvo a actualizar. En cuanto a leerlos cambia la cosa, si bien no soy un adicto a buscar y leer entradas, tampoco les hago el feo, y la primera publicación de este blog será una que rescaté de el único autor que en realidad me ha enganchado, Javimoya. Tal vez algunos lo recuerden, otros no, pero éste tipo logró colocar su blog dentro de los 100 mas leídos en el mundo y un día simplemente decidió no volver a escribir de nuevo. Este blog no tendrá una temática en específico y más bien trataré de publicar cosas que me parezcan interesantes, espero no dejarlo en el olvido.
Todos hemos escuchado alguna vez acerca de los espeluznantes y macabros ensayos pseudocientíficos en humanos que se realizaron en Auschwitz, Ravensbrück y otros campos de concentración en la época del exterminio judío por los nazis (por citar alguno de los más suaves ejemplos: el del Dr. Rascher y sus colaboradores, que investigaron sistemáticamente los efectos de la baja presión y de temperaturas extremas en personas con vida). A raíz de conocer aquellas horripilantes historias me interesé, y empezé a indagar sobre otras barbaridades que se han hecho en nombre de la ciencia en diferentes épocas y culturas. De éstas hoy les relataré una, que a pesar de ser muy poco conocida, me resultó realmente impactante y aborrecible.